I.
EL PROCESO DE
OCHO ETAPAS
1)
Infundir el
sentido de premura.
Los
expertos están conscientes de que generar un cambio importante en la
organización no es tan fácil como parece. Para lograr cambios importantes o
significativos dentro de la organización es necesario la cooperación,
iniciativa y disposición de la mayoría de los empleados.
Infundir
en un sentido de premura (urgencia, aprieto, prisa, instancia), resulta crucial
para lograr la cooperación necesaria. Cuando el nivel de complacencia
(satisfacción, placer, gusto, agrado) es elevado, las transformaciones
usualmente no llegan a ninguna parte porque son pocas las personas que están
interesadas en trabajar sobre el problema de cambio. Cuando el grado de premura
es bajo resulta difícil reunir a un grupo con el poder y la credibilidad
suficiente para dirigir el esfuerzo o convencer a individuos claves para
dediquen el tiempo necesario para generar una visión de cambio y transmitirla.
Existen
circunstancias en las que llega a existir un grupo comprometido en el seno de
un abismo de complacencia puede ser que sus integrantes sean capaces de
identificar la dirección general para el cambio, de reorganizar y de reducir
los niveles de personal. Si estos ejecutivos dirigen una corporación quizá
incluso intenten llevar a cabo una adquisición y establecer nuevos sistemas de
compensaciones. Si muchos otros no albergan el mismo sentido de premura, lo más
probable es que el ímpetu para el cambio se desvanezca muy cerca de la meta,
sin importar cuanto lo hayan impulsado, ni cuanto hayan amenazado. La gente se
las arregla para encontrar mil ingeniosas maneras para rehusarse a cooperar en
un proceso que sinceramente consideran innecesario o necio.
Como intensificar la sensación de urgencia.
Para
elevar la sensación de urgencia es indispensable que desaparezcan las fuentes
de complacencia o se reduzca al mínimo su impacto.
Por
ejemplo:
-
Eliminar signos de exceso tales como una
gran fuerza aérea corporativa.
-
Establecer normas más elevadas tanto de
manera formal en el proceso de planeación como informalmente en las
interacciones cotidianas.
-
Transformar los sistemas de medición
internos que se concentran en los índices equivocados.
-
Incrementar ampliamente la proporción de
retroalimentación externa que todo el mundo recibe en cuanto a su desempeño.
-
Recompensar tanto a los comentarios
honestos expresados en las juntas como a las personas que están dispuestas a
enfrentar los problemas.
-
Y poner un alto a las palabras felices sin
fundamento proveniente de los altos directivos.
El
infundir un intenso sentido de premura usualmente requiere acciones audaces e
incluso riesgosas que normalmente asociamos con un buen liderazgo. El dar los
pasos para elevar el sentido de premura resulta particularmente difícil para
personas que han sido educadas en una cultura administrativa en la que el valor
primordial consistía en tenerlo todo bajo control.
Formas de elevar el nivel de premura.
1. Dejar
de medir el desempeño de las sub-unidades con base únicamente con objetivos
funcionales estrechos. Insistir en que sea mayor el número de personas que se
responsabilice de medidas más amplias en cuanto al desempeño del negocio.
2. Transmitir
más datos sobre satisfacción de los clientes y desempeño financiero a un mayor
número de empleados, especialmente información que demuestre debilidades en
comparación con la competencia.
3. Insistir
en que la gente hable con regularidad con los clientes insatisfechos, los
proveedores molestos y accionistas descontentos.
4. Publicar
discusiones más honestas de los problemas de la empresa en los periódicos de la
compañía y los discursos de los altos directivos. Poner a un alto a las
“palabras felices” de los altos directivos.
¿ Qué grado de premura se consideraría
suficiente?.
La
intervención de extraños suele resultar de utilidad en estos casos. Pedir la
opinión de clientes, proveedores o accionistas bien informados acerca de sí en
el nivel de premura lo suficientemente alto; Y la complacencia lo
suficientemente baja.
No
podemos limitarnos a platicar con empleados que cuentan con los mismos
incentivos que no se cuentan con los mismos incentivos que nosotros, sino
hablar con personas que conozcan la empresa o incluso personas que parezcan
estar reñidas con la organización.
2) Crear
la coalición conductora.
Ya que el
cambio esencial resulta tan difícil de lograr, se requiere de una fuerza
poderosa para sustentar el proceso. Resulta imposible que una sola persona sea
capaz de desarrollar la visión correcta, transmitirla a grandes números de
personas, eliminar todos los obstáculos clave, generar triunfos a corto plazo,
dirigir y administrar decenas de proyectos de cambio, y arraigar profundamente
los nuevos enfoques en la cultura de organización.
Para generar
cambios en una organización se requiere una coalición (unión de varias
potencias), conductora fuerte, que tenga la composición, confianza y el
objetivo compartido adecuado. Para integrar un equipó de esta naturaleza
constituye siempre una parte esencial de las primeras etapas de cualquier
esfuerzo por reestructurar una organización, poner en práctica un proyecto de
reingeniería o reorganizar un conjunto de estrategias.
Cómo integrar la coalición conductora.
El primer
paso consiste en encontrar los miembros adecuados. Son cuatro las
características claves que parecen ser esenciales para integrar coaliciones
conductoras efectivas:
1. Poder
del Puesto: Es importante saber, si se cuenta con un
número suficiente de integrantes clave, especialmente Gerentes de primera
línea, para evitar que los que queden fuera no puedan obstaculizar fácilmente
el avance.
2. Experiencia:
Si los distintos puntos de visión en cuanto a disciplina, experiencia laboral,
racionalidad, etc., pertinentes a la tarea que se va a realizar están
adecuadamente representados, de tal modo que se puedan tomar decisiones
inteligentes.
3. Credibilidad:
Si, cuenta el grupo con un mismo número suficiente de personas con buena
reputación en la empresa para que sus pronunciamientos sean tomados con
seriedad por otros empleados.
4. Liderazgo:
Si, incluye el grupo de un número suficiente de líderes constatados para lograr
impulsar el proceso de cambio.
La
consideración del liderazgo, resulta particularmente importante. Se necesitan
aptitudes tanto administrativas como de liderazgo en la coalición conductora, y
deben trabajar en conjunto, al estilo del trabajo en equipo. El poder del
puesto y la experiencia mantienen el proceso completo bajo control en tanto que
la credibilidad y el liderazgo impulsan al cambio.
Una
coalición conductora con buenos administradores pero con malos líderes no va a
triunfar. La estructura mental administrativa desarrolla planes, ausencia de
visión, su comunicación en cuanto a la necesidad del cambio y la dirección del
mismo es sumamente deficiente; y controla a la gente en lugar de facultarla
para actuar.
La
ausencia de liderazgo por lo general se enfrenta de tres maneras:
a) Se
trae a la persona fuera de la empresa.
b) Se
promueven a los empleados que saben dirigir.
c) Se
alienta a empleados que tienen puestos que requieren liderazgo, pero que rara
veces dirigen para que acepten el desafío.
Sea cual
fuere el método elegido para alcanzar el objetivo, el resultado final, un
equipo con aptitudes de liderazgo, deberá ser el mismo. Una coalición conductora
integrada únicamente por administradores; aunque sean administradores
fantásticos, ocasionará el fracaso de los cambios importantes.
Cualidades que hay que evitar o manejar cuidadosamente.
Son dos
tipos de individuos que es preciso evitar a toda costa al integrar una
coalición conductora.
-
El primero de ellos es aquel cuyo ego
abarca todo el salón, sin dejar espacio a nadie.
-
El segundo es aquel tipo de persona que
genera desconfianza suficiente para aniquilar el trabajo en equipo, (a este
tipo de personas el autor le llama víboras).
En los
altos niveles de la mayor parte de las organizaciones, las personas tienen egos
sumamente grandes; pero si no cuentan también con un sentido realista de sus
debilidades y limitaciones, si no son capaces de apreciar las fortalezas
complementarias de otros, y si no son capaces de sojuzgar sus intereses
inmediatos a la consecución de un objetivo de mayor magnitud,
probablemente aportaran a la coalición
conductora tanto como el desperdicio nuclear.
Si una
persona de esta naturaleza ser el principal integrante de la coalición, podemos
despedirnos del trabajo en equipo y de una transformación de gran envergadura.
Las víboras resultan igualmente nefastas,
aunque en forma diferente. Lesionan la confianza que siempre constituye un
integrante esencial en el trabajo en equipo. Una víbora es un experto en
decirle a una persona algo de otra y viceversa, para acabar con la relación de
ambos.
En cierto
sentido, las víboras y los grandes egos pueden ser excesivamente inteligentes y
productivos y estar sumamente motivados. Pueden ser promovidos a altos puestos
y convertirse en candidatos lógicos para una coalición conductora.
Otro tipo
de individuos con los cuales cuando menos hay que ser precavido es el del
participante renuente. En organizaciones con índices de premura excesivamente
elevados, resulta fácil que las personas acepten participar en una coalición en
pro del cambio.
Pero con
el nivel de premura elevados algo raro, se requiere un mayor esfuerzo,
especialmente por lo que respecta a unas cuantas personas clave que no tienen
el menor interés en participar.
Como integrar un equipo efectivo con base
en la confianza y en el objetivo común.
El
trabajo en equipo en una coalición conductora puede generarse de varias maneras
distintas. Hay un elemento que resulta necesario: La Confianza. Cundo hay
Confianza, usualmente se puede generar trabajo en equipo.
El motivo
más frecuente de que las personas no logran integrar en la coalición necesaria
para conducir el cambio radica en que, en lo más profundo de su ser, realmente
no piensan que sea necesario una transformación, o no piensan que se requiere
de un equipo fuerte para dirigir el cambio. Las aptitudes para integrar un
equipo raras veces constituyen el problema central.
El
objetivo característico que une a los individuos, es en las coaliciones
conductoras en pro del cambio en el compromiso por la excelencia, un deseo
autentico por lograr que el desempeño de su organización alcance los valores
más altos. Cuando este deseo no existe, la reingeniería, las adquisiciones y la
transformación cultural con frecuencia fracasan.
La
confianza ayuda enormemente a generar un objetivo compartido. Uno de los
principales motivos por los cuales la gente no se compromete con la excelencia
total radica en que realmente no confía en otros departamentos, divisiones, o
incluso en otros compañeros ejecutivos.
La
combinación de confianza y un objetivo común compartido por gente con las
características adecuadas puede contribuir a la integración de un poderoso
equipo.
3) Desarrollo de una visión y una estrategia.
Es
sorprendente el número de personas que tratan de transformar las organizaciones
utilizando métodos como es el decreto autoritario y la microadministración.
Ambos enfoques se han aplicado, pero en su mayor parte para mantener los
sistemas existentes, no para transformar esos sistemas en otra cosa mejor.
Cuando el objetivo es la modificación del comportamiento, el decreto autoritario con
frecuencia funciona muy mal incluso en situaciones simples. El autoritarismo
tiene pocas probabilidades de vencer todas las fuerzas de la resistencia, la
gente ignorará o fingirá que coopera mientras hace todo lo posible por socavar
sus esfuerzos.
La
microadministración intenta evitar ese problema especificando
con detalle lo que los empleados deben hacer para después vigilar que lo
cumplan. Esta táctica puede derribar alguna de las barreras contra el cambio
pero en un lapso que resulta cada vez más inaceptable.
Únicamente
utilizando un enfoque que venza las fuerzas que sustentan la condición actual y
fomenta la clase de cambios, este enfoque se basa en la visión, elemento central
de gran liderazgo.
Por
qué es esencial la visión
Visión se
refiere a una imagen del futuro con algún momento implícito o explícito sobre
el motivo por el que la gente debe incluir para crear ese futuro. En un proceso
de cambio, una buena visión cumple con tres propósitos principales: primero, al
esclarecer la dirección general del cambio, al expresar el equivalente
corporativo de <necesitamos encontrarnos al ser de aquí dentro de unos años
en lugar de donde estamos> simplificar cientos o nulos de decisiones más
detalladas. Esta resulta importante porque es muy frecuente que la gente no
esté de acuerdo respecto de la dirección, o se sienten confundidos, o se
preguntan si realmente es necesario llevar a cabo un cambio significativo.
Contar con una visión efectiva y estrategias de respaldo ayuda a resolver estos
puntos. Si se tiene claridad. En cuanto a la dirección, es factible que
desaparezca la incapacidad para tomar decisiones.
Segundo, motiva
a las personas a emprender acciones en la dirección apropiada, incluso
si los pasos iniciales resultan dolorosos dando un punto de vista personal. Una
función esencial de la visión consiste en facilitar los cambios importantes
motivando acciones que no necesariamente se encuentran dentro de los intereses
a corto plazo de la gente. Una buena visión ayuda a vencer esta renuncia
natural de hacer lo que resulta necesario si la visión es esperanzadora y por
lo tanto motivante. Una buena visión reconoce que será necesario hacer
sacrificios pero establece con claridad que estos sacrificios rendirán
beneficios particulares y satisfacciones personales muy superiores a los
disponibles ahora sino se intenta realizar el cambio.
Tercero, contribuye
a coordinar las acciones de diferentes personas, incluso de miles y
miles de individuos, de una manera sorprendentemente rápida y eficiente. La
unión ayuda a alinear a los individuos, coordinando de esta manera en forma
notablemente motivados. Con una visión compartida pueden trabajar con cierto
grado de autonomía sin estorbarse unos a otros.
Naturaleza de una visión efectiva.
La
palabra unión tiene la connotación de grandioso o místico, pero la dirección
que orienta las transformaciones exitosas suele ser simple y mundana.
Una
visión puede ser mundana y simple, porque en las transformaciones exitosas no
constituye más que un elemento de un sistema de mayor magnitud que también
incluye estrategias, planes y presupuestos.
Las
uniones efectivas parecen contar cuando menos con 6 características claves.
·
Imaginable: Transmite
una imagen de lo que será el futuro.
·
Deseable: Apela a
intereses a largo plazo de empleados, clientes, accionistas y otras personas
con interés de algún tipo en la empresa.
·
Factible: se
compone de objetivos realistas, susceptibles de ser alcanzados.
·
Centrada: es lo
suficientemente claro para brindar orientación en la toma de decisiones.
·
Flexible: es lo
suficientemente general para dar cabida a la iniciativa individual y permite
respuestas alternativas a la luz de las condiciones cambiantes.
·
Comunicables:
es fácil de comunicar puede explicarse con éxito en cinco minutos.
Una imagen imaginable del futuro.
La
reingeniería, la reestructura y otros programas de cambio jamás funcionan bien
a la larga si no están orientados por visiones que apelen a la mayoría de las
personas que tienen algún interés en la empresa: empleados, clientes,
accionistas, proveedores, comunidades. Puede ser que una buena unión exija
sacrificios de algunos de estos grupos, con el objeto de dar mejor paso a un
futuro mejor, pero jamás ignora los intereses legítimos a largo plazo de una
persona.
La visión
corporativa que no está profundamente arraigada en la realidad de los mercados
de los productos o servicios se convierte con frecuencia cada vez mayor en
receta para el desastre. ¿Por qué un grupo de personas inteligentes va a ir en
pos de una visión que ignore las necesidades de clientes, empleados, o
inversionistas?, Por que los directivos están sintiendo presión por parte de un
grupo al mismo tiempo que guarda una posición cuasimonóplica sobre otro.
El
platicar las siguientes preguntas básicas puede ayudar a determinar que tan
deseable sea una visión en pro del cambio.
1) Si
la unión se convierte en realidad, ¿En qué forma van a afectar a los clientes?
2) ¿De
qué manera afectará esta visión a los accionistas? ¿Los mantendrá satisfechos?
3) ¿En
qué forma afectará esta unión a los empleados?
Una
visión que equilibra perfectamente los intereses a través de la promesa de
brindar beneficios que no pasan del promedio a los clientes, empleados, y
accionistas no va a generar el apoyo que se necesita para llevar a cabo
transformaciones esenciales.
Viabilidad estratégica
Una unión
viable es más que un castillo en el aire. Una descripción efectiva del futuro
implica aprovechar al máximo los recursos y las capacidades. Una unión que
requiera tan sólo una mejoría del 3 % al año jamás va a fomentar las
reconsideraciones y cambios fundamentales que con tanta frecuencia se requieren
en los ámbitos en continua transformación.
Viabilidad
también significa que una visión está fundamentada en un entendimiento claro y
racional de la organización, su mercado y las tendencias competitivas. Es aquí
donde la estrategia proporciona una lógica y un primer nivel de detalle para
mostrar la forma en que se podrá realizar la visión.
Punto central, flexibilidad y facilidad de
comunicación
Las
visiones efectivas, están lo suficientemente enfocados para guiar a los
empleados: para comunicar cuales son las acciones importantes y cuáles las que
salen de la realidad; son lo suficiente abiertos para dar cabida a la
iniciativa individual y a las condiciones cambiantes, los pronunciamientos
largos y detallados no solo pueden llegar a parecer camisas de fuerzas, sino
que también pueden volverse obsoletos al cabo de poco tiempo en un mundo que
cambia con gran rapidez al mismo tiempo, las visiones que necesitan reajustes
constantes pierden su credibilidad.
Visiones efectivas
Las
visiones de transformación más efectivas, parecen compartir las siguientes
características:
1) Son
lo suficientemente ambiciosas para obligar a la gente a salir de su confortable
rutina.
2) Aspiran
brindar producto o servicios cada vez mejores a costos cada vez más bajos.
3) Aprovechan
las tendencias fundamentales, especialmente la globalización y las nuevas
tecnologías.
4) No
hacen el más mínimo intento de explotar a nadie, con lo cual se revisten de
cierto poder moral.
Cómo crear la visión
Desarrollar
una visión constituye un ejercicio tanto del intelecto como del corazón, se
lleva algún tiempo, siempre implica a un grupo de personas, y es muy difícil
hacerlo bien.
La
creación de una visión, casi siempre constituye un ejercicio desordenado y
difícil que en ocasiones lleva mucha carga emocional, puede resultar difícil
cuando menos por cinco motivos:
1. Hemos
educado a varias generaciones de personas sumamente talentosos para convertirse
en administradores, y la visión no constituye un elemento de administración
efectiva.
2. Aunque
una buena visión posee una cierta simplicidad elegante, los datos y la síntesis
que se requiere para generarla suelen distar mucho de ser simples.
3. En
este ejercicio se requiere la participación del intelecto y el corazón por
igual.
4. Si
no existe trabajo de equipo en la coalición conductora, la estrechez de puede
convertir la creación de una visión en una negociación interminable.
5. Si
el grado de premura no es lo suficientemente llevado, jamás encontrará usted el
tiempo suficiente para completar el proceso.
Debido
a las ansiedades y conflictos que rodean la creación de la visión con
frecuencia las personas interrumpen prematuramente el proceso, quedando este
proceso de transformación lesionado. Puesto que una visón ineficaz puede
resultar peor que no contar absolutamente con ninguna visión.
Cómo
crear una visión efectiva
-
Primer borrador: El
procesa con frecuencia empieza con una declaración inicial que es obra de un
solo individuo, y que refleja sus sueños y las necesidades reales de mercado.
-
Función de la coalición conductora: El
primer borrador siempre es modificado con el paso del tiempo por la coalición
conductora o por un grupo de personas todavía más numeroso.
-
Importancia del trabajo en equipo: El
proceso de grupo jamás funcionara bien si no existe aunque sea un nivel mínimo
de trabajo en equipo efectivo.
-
Función del intelecto y el corazón:
Tanto el pensamiento analítico como una buena dosis de sueños resultan
esenciales a lo largo de toda la actividad.
-
Desorden del proceso:
La creación de la visión habitualmente constituye un proceso en el que se dan
dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, un movimiento hacia la izquierda y
luego hacia la derecha.
-
Lapso requerido:
la visión jamás se crea en una sola reunión. La actividad se toma meses, y en
ocasiones años.
-
Producto ferial: El
proceso tiene como resultado una dirección para el futuro que resulta
deseables, viable, centrada, flexible, y se puede comunicar en 5 minutos o
menos.
Comunicar la visión de cambio.
Una gran
visión de cambio puede satisfacer un propósito útil incluso si únicamente la
comprende un reducido grupo de personas clave. Pero el auténtico, poder de la
visión se desata sólo cuando la mayoría de aquellos que intervienen en una
empresa o una actividad comprenden de la misma manera sus objetivos y
dirección. El sentido compartido de un futuro deseable puede contribuir a
motivar y coordinar la clase de acciones que generan las transformaciones.
El lograr
un entendimiento y un compromiso a favor de una nueva dirección jamás constituye
una tarea fácil, especialmente en empresas de gran tamaño. Si los dirigentes no
comunican lo suficiente, y esto suele darse con gran frecuencia. O
involuntariamente envían mensajes inconsistentes. En cualquier de los casos, el
resultado neto es el mismo: la transformación se estanca.
Dos
casos de falta de comunicación.
Un
gerente general al nivel de división que maneja un negocio en el área de las
telecomunicaciones, cuenta que un grupo desarrolló una visión en pro del cambio
el año pasado, y se paso una buena cantidad de tiempo difundiéndola
ampliamente. Los altos directivos sí dedicaron lo que ellos consideraron un
gran esfuerzo a comunicar la visión. Si uno presiona un poco a los gerentes del
primer nivel, ellos reconocen que escucharon algo al respecto, pero
honestamente no logran recordar gran cosa hacer de la visión, esto es porque
reciben una cantidad abrumadora de información y tan solo una fracción de la
misma se relacionan con la nueva visión. Otro escenario desastroso, aunque no
infrecuente: la visión se comunica muchas veces, pero de manera deficiente.
Comunicar
una visión puede resultar particularmente difícil para personas que han sido
entrenadas para ser únicamente administradores; estos tienden a pensar en
términos de nos subordinados y su jefe
inmediato, y no en los demás grupos que necesitan ser conocidos del valor de la
visión.
La
magnitud de la tarea.
La diferencia en la comunicación de una visión a menudo se atribuyen a la presencia de aptitudes intelectuales limitados entre empleados de nivel más bajo o a una resistencia al cambio y, a la aceptación de informaciones acerca del mismo. El desarrollo de una visión de transformación con frecuencia exige que quienes integran la coalición conductora dediquen unos cuantos cientos de horas a recopilar información, considerar alternativas y finalmente tomar decisiones. Aceptar una visión del futuro puede construir una tarea intelectual y emocional desafiante.
Uno de los principales motivos por los cuales
la creación de una visión constituye un ejercicio tan desafiante radica en que
quienes integran la coalición conductora se ven precisados a responder a todas
estas interrogantes, y eso requiere tiempo y mucha comunicación. La tarea
puramente intelectual, la parte que podría lleva a cabo un consultor en materia
de estrategia, ya de por sí es difícil, pero eso con frecuencia constituye una
mínima parte del ejercicio global. La labor emocional es todavía más difícil:
desprenderse de la condición prevaleciente, dejar ir otras opciones futuras,
llegar a aceptar los sacrificios, llegar a confiar en los demás.